La cámara interior de la barbacoa es donde pasa todo: el fuego, el humo y el calor que cocina la carne. Las medidas estándar de la cámara son 80cm de ancho por 60cm de fondo por 45cm de alto hasta la parrilla. Después de la parrilla viene la campana que recolecta el humo y lo manda al ducto. Las paredes interiores tienen que ser de ladrillos refractarios en la zona del fuego, porque el calor directo degrada los ladrillos comunes con el tiempo.
El piso de la cámara tiene que ir inclinado hacia adelante con una pendiente de 5cm en 60cm de fondo. Esto es clave para que la grasa que chorrea no se acumule en el fondo y queme mal. Al final de la pendiente, poné una canaleta embutida en el piso que lleve la grasa a un recipiente afuera. La canaleta tiene 5cm de ancho por 3cm de profundo y la hacés con el mismo mortero refractario.
La parrilla va apoyada a 65-70cm del piso de la cámara. Calculá bien esta altura porque de acá depende que la carne se cocine parejo. Para eso, cuando estás levantando las paredes laterales, dejá embutidos los rieles metálicos donde va a correr la parrilla. Usá perfil ángulo de hierro de 2 pulgadas (50mm) con agujeros cada 5cm para ajustar la altura. Los rieles tienen que quedar bien nivelados entre sí, si no la parrilla queda torcida y la carne se cocina de un solo lado.
En la parte de arriba de la cámara va la campana, que arranca justo arriba de la parrilla y va angostándose hasta el ducto. La campana tiene que tener un ángulo mínimo de 45° en las paredes laterales para que el humo no se pegue y suba derecho. Si la campana es muy plana, el humo se estanca y te hace llorar los ojos mientras asás. La salida del ducto es de 15x15cm como mínimo.
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