Cuando ya tenés el techo de la barbacoa, faltan los detalles que hacen la diferencia entre un asador que funciona bien y uno que tira humo para todos lados. Lo primero son las canaletas en el techo para que el agua de lluvia no te chorree por la pared de la barbacoa y termine entrando a la cámara. Poné canaleta de chapa galvanizada de 10cm de ancho en todo el frente del techo, con una pendiente del 1% hacia una bajada de PVC de 2 pulgadas.
El revoque exterior no es solo estético: protege los ladrillos de la intemperie. Usá revoque grueso con mortero 5:1:0.5, bien fratachado para que quede parejo. Si querés darle un look más cuidado, poné revoque fino con arena lavada y cemento, en proporción 3:1. Dejá secar 7 días antes de pintar con pintura a la cal o látex siloxánico para exteriores. La pintura a la cal es más económica y transpirable, ideal para barbacoas porque aguanta bien el calor.
El sombrerete en la salida del ducto de humo es obligatorio si no querés que entre agua de lluvia, hojas secas o pájaros a la chimenea. Hacelo de chapa galvanizada de 1mm, con forma de sombrero de copa: 30cm de diámetro en la parte ancha, 15cm de alto, con separación de 5cm entre el borde del ducto y el sombrerete para que el humo pueda salir. Fijalo con tres patas de hierro del 6 soldadas al caño.
El ducto de humo tiene que tener como mínimo 3m de longitud total desde la campana hasta la salida. Si el ducto es más corto, el tiro no tira bien y se te llena la barbacoa de humo. Usá caño de chapa de 6 pulgadas (15cm) de diámetro, con las juntas selladas con masilla refractaria. Si el ducto pasa cerca de material combustible, poné un aislante de lana de roca de 5cm alrededor. La salida tiene que estar 50cm por arriba de la cumbrera del techo más cercano.
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